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Entrevista: Laura Freixas


“LA IDEA DE QUE LAS MUJERES ESTAMOS ARRASANDO EN LAS LISTAS DE VENTAS ES FALSA Y UN POCO PARANOICA”.

Literatura y Mujeres pretende desmontar muchos de los tópicos existentes en el mundo de la Literatura y que infravaloran el trabajo de las escritoras presentando como particular y a ellas mismas como culpables de rebajar el clima cultural del país. El nuevo libro de la escritora Laura Freixas se sumerge en el sórdido mundo de la critica misógina de España y desbarata modelos impuestos y practicas injustas contra las mujeres a través de datos contrastados y artículos publicados en suplementos culturales de la prensa del país. Literatura y Mujeres es un inteligente ensayo repleto de ironía y con un punto de indignación, sobre la realidad del panorama literario actual donde la mujer tiene mucho que decir, y la crítica se encarga de hacerla callar.

EM: ¿Existe realmente la literatura sexual que haga distinción entre los géneros masculinos y femeninos?

LF: Yo creo que, históricamente, si existe una literatura femenina con características propias, esto todavía es así, aunque menos, porque a medida que hay mas mujeres que escriben, hay mas diversidad, por lo tanto, las características comunes se diluyen. Pero, aún así, creo que sigue habiendo ciertas características propias. Y, aunque nos pese, creo que no se puede hablar de literatura masculina, aunque solo sea por una cuestión de proporción: la literatura escrita por hombres ha sido tan mayoritaria que prima en ella la diversidad, mientras que la literatura escrita por mujeres, hasta hace poco y en cierto modo todavía es, lo bastante minoritaria y excepcional para poder tomar todos esos textos y decir que hay características comunes. Y unos de los problemas para la igualdad entre hombres y mujeres es que no hay una simetría exacta por razones históricas.

EM: ¿Por qué crees que es predominante clasificar la literatura por sexos: masculina, femenina y gay?

LF: La literatura se clasifica actualmente por sexos, edades y también por países. Creo que esto es debido, entre otras cosas, el derrumbe de las ideologías. Ahora ya no hay una literatura comprometida, ya que no se da ese debate de si el artista debe estar comprometido o de hacer arte por el arte. Entonces, como ya no se debate sobre ideas, y seguimos necesitando clasificar, las etiquetas que quedan son las de sexo, edad y países.

EM: Y dentro de esta clasificación, todo lo considerado nuevo, aunque haya existido desde siempre, como la literatura femenina se infravalora. ¿Por qué crees que sucede esto?

LF: Seamos justos: la literatura femenina se sobrevalora desde el punto de vista del mercado porque, por ejemplo, surgen nuevas colecciones de escritoras, pero, sin embargo, se infravalora desde el punto de vista culto. ¿Por qué? Yo veo dos motivos. El primero es que hostilidad hacía la mujer culta es algo muy enraizado en nuestra cultura, por lo menos, se remonta a Juvenal en el siglo I d.C. y seguramente, encontraríamos ejemplos muy antiguos. Pasa por Moliere, Las mujeres sabias, o Quevedo y su sátira contra las que llama “hembrilatinas”. Y solo doy los ejemplos mas notorios pero es una corriente que recorre la cultura y que se encuentra en autores mas modernos como André Gide.

Se establece una división mediante la cual se atribuye a las mujeres la naturaleza, mientras que los hombres se han reservado la cultura y eso parece una división natural y las mujeres que las transgreden se consideran antinaturales. El otro motivo es que, hasta hace poco, los escritores competían solamente entre ellos y me temo que algunos ven a las mujeres como unas competidoras casi desleales en el sentido de que, para empezar, hay mas competidores: antes eran sólo ellos, ahora hay unas competidoras nuevas y esto provoca hostilidad. Además, son unas competidoras que parecen jugar con ventaja ya que, en cierto modo el mercado la sobrevalora, y tienen un publico propio. Y todo eso suscita mucha desconfianza.

A los que piensan así yo les diría que no se preocupen, que las mujeres lectoras leen a mujeres pero también leen a hombres. En cambio me pregunto si los hombres lectores leen a mujeres.

EM: Hablemos ahora de Literatura y mujeres. Me gustaría saber si perseguías algún objetivo concreto a la hora de escribir este libro.

LF: Sí, desmontar los tópicos, que el debate no siguiera reducido a cuatro tópicos que son siempre los mismos. Por ejemplo, el tópico, que no se dice con todas las letras pero que esta sobre entendido en muchos periódicos, columnas y críticas, que las mujeres están degradando la cultura. O el tópico de que lo femenino no puede ser universal, y por lo tanto, la literatura de mujeres no puede ser buena literatura. O el tópico de que las mujeres venden más, que han conquistado la igualdad, que están arrasando y acaparando los premios. Todo eso es falso y un poco paranoico. Es decir, lo que se esta produciendo es una mayor presencia de mujeres en la creación literaria y, por lo tanto, en las ventas y en los premios pero estamos muy lejos del 50 por ciento. O sea que la idea de que estamos arrasando y monopolizando es falsa y, además, paranoica. Y también suscita hostilidad porque se tiene una impresión falsa de que la mujeres estamos arrasando. Y no es así, porque todavía nos encontramos en un 20 por ciento, es que ni siquiera hemos llegado al 50 por ciento. Por favor, que nadie se asuste.

EM: ¿Y por qué cree entonces que se predica ese triunfalismo de las escritoras españolas?

LF: Supongo que la prensa necesita noticias y cuando esas noticias no son verdad, las inflan para que lo parezcan. Por ejemplo, el titular “Los libros más vendidos del 99 tiene firma de mujer” (Que Leer, Junio `99) es un titular muy llamativo y que, por lo tanto, puede vender, lo que pasa es que cuenta con el pequeño inconveniente de que es mentira. Supongo que se exagera para dar noticias, inventándoselas cuando no las hay. No es que se las inventen totalmente, pero las fabrican a base de hinchar los datos. Y, por otra parte, porque supongo que muchas mujeres estamos deseando oír eso ya que es muy satisfactorio para nosotras pensar que hemos conquistado algo y que, desgraciadamente, no es verdad. A lo mejor nos dicen lo que queremos oír.
EM: En tu libro aportas muchísimos datos que corroboras con artículos publicados en algunos suplementos culturales de la prensa española. ¿has conseguido la objetividad que pretendes en tu Prólogo Malhumorado?

LF: No he podido evitar la indignación y la ironía. Y, por otra parte, quizás no he subrayado lo bastante que algunas escritoras con sus actitudes, confirman estereotipos sexistas. A mí me parece muy perjudicial, no sólo para ellas sino para todas nosotras, los métodos de promoción que utilizan algunas escritoras y también me parece muy mal que los medios de comunicación les den tanta importancia. Es decir, que yo creo que el terreno está abonado por dos prototipos: el escritor varón, serio que puede aspirar a la Real Academia o sale Premio Cervantes y la escritora frívola, folklórica y escandalosa que nunca llegará a la Academia pero que, en cambio, va a ocupar portadas y salir en programas de televisión de gran audiencia. Creo que debe ser difícil ser escritor varón y promocionarse con esos métodos porque no veo el equivalente del gran escote y también es difícil ser escritora seria. Te puedo nombrar el ejemplo de Rosa Chacel, que toda su vida aspiró a ser una escritora seria y lo era pero que nunca obtuvo el reconocimiento que deseo. Ella quería el Cervantes o, al menos, el Premio Nacional y entrar en la Academia y nunca lo consiguió.

Predominan entonces esos dos prototipos que son como el molde y tú vas y te metes ahí, pero si quieres una cosa que se salga de todo eso, es decir, ser escritora seria o escritor frívolo, nadie te hace caso.

EM: Y en el caso de las escritoras, suele vender mas el hecho de ser mujer, la extravagancia de sus declaraciones o de su forma de vestir y aparecer en todos los medios de comunicación. ¿Cómo se puede escapar de esto?

LF: Creo que las que piensan como yo tenemos que dar ejemplo de que se puede ser una escritora seria sin renunciar a escribir novelas protagonizadas por mujeres y tampoco debemos pagar el precio de decir que no quieres ni oír hablar de literatura femenina y que tú no haces literatura de mujeres.

A mi me gustaría que se generalizase más el tipo de escritora que no rechaza el tema mujeres y que, al mismo tiempo, es una escritora seria. Y, con mi libro, he intentado abordar el tema y reflexionar sobre él.

Además, las escritoras que quieren ser consideradas serias tienden a dar la espalda a todo este tema porque saben que todo lo femenino desvaloriza. Esto es una norma de nuestra sociedad: lo que se feminiza se desvaloriza, y viceversa. Incluso en una profesión, cuando entran muchas mujeres, bajan los sueldos. Es un círculo vicioso. Por ello, las escritoras que aspiran al prestigio y la seriedad lo hacen a base de rechazar completamente el tema mujer. Lo que yo quisiera demostrar es que se puede ser totalmente seria sin rechazar ese tema, sino todo lo contrario.

EM: ¿Por qué piensas que le tenemos tanto miedo a la palabra escritora?

LF: Por todos estos sambenitos que nos colocan y que algunas reconozco que se lo buscan, que lo explotan en su beneficio y perjudican a todas las demás.

EM: ¿Crees que se superará alguna vez la tendencia dominante de ridiculizar a la mujer culta?

LF: Yo tengo la esperanza de que, como dicen algunas feministas, lo cuantitativo termina por ser cualitativo. Es decir, cuando hay muchas mujeres en un sector, entonces las cosas cambian. Por ejemplo, esos estereotipos sexistas, esos sobrentendidos despectivos como “eso es literatura femenina, es malo, gustará a las mujeres…”, ese tipo de cosas que en un medio casi totalmente masculino como es el de la crítica literaria pasan perfectamente desapercibidas y con toda naturalidad; creo que cuando la mitad de los críticos sean mujeres se va a reaccionar más y los críticos van a tener que ser autocríticos, que es lo que yo les pido.

EM: ¿Podremos conseguir el multiculturalismo?

LF: Esperemos que sí, lo que pasa es que en nuestra sociedad no tenemos la presión de, por ejemplo, tener otras razas integradas en el mundo de la cultura. En ese sentido Estados Unidos tiene una minoría como sexual, una minoría negra, otra india, que presionan en el multiculturalismo y aquí no tenemos esa ayuda.

EM: Ya por último, ¿Puede un hombre imaginar una relación madre e hija?

LF: Cuando ya existe una literatura sobre eso, literatura que ha sido escrita en un primer momento por mujeres, sí. Antes no.

Eva Moreno